Estados Unidos ha intensificado su ofensiva en Irán, llevando a cabo bombardeos por sexta noche consecutiva. Este viernes, Irán acusó a las fuerzas estadounidenses de atacar objetivos civiles y amenazó con represalias contra infraestructuras en el Golfo Pérsico. La situación se ha vuelto crítica, con un aumento de las tensiones en la región que amenaza con desestabilizar aún más el equilibrio geopolítico.
El ejército estadounidense, a través de la red social X, informó que los ataques del jueves al viernes se centraron en «decenas de objetivos militares iraníes», que incluían instalaciones de vigilancia costera, defensa aérea e infraestructura logística militar. En respuesta, Irán reportó bombardeos que afectaron puentes, un aeropuerto y una estación de tren, lo que ha resultado en un número significativo de víctimas.
Un portavoz del ejército iraní advirtió: «Si los estadounidenses atacan las infraestructuras de la República Islámica, entonces todas las infraestructuras de la región se convertirán en objetivos legítimos para Irán». Esta declaración refleja el clima de hostilidad que se ha intensificado desde el inicio de los ataques, lo que ha llevado a una escalada de las acciones militares en la zona.
Impacto en la población y la infraestructura
La situación en Irán es alarmante. Hani, un profesor de 34 años que reside en Ahvaz, describió la experiencia de los bombardeos: «Los ataques continúan y son tan violentos que me tiemblan las manos. Hubo al menos 11 o 12 explosiones». Los reportes indican que en la región de Bandar Jamir, dos puentes fueron impactados, resultando en siete muertos y nueve heridos, además de daños en una estación de tren y el aeropuerto de Iranshahr.
La ciudad de Bushehr, que alberga la única central nuclear de Irán, también fue blanco de ataques por segunda vez en pocas horas, según el gobernador local. Estos bombardeos han sido considerados los más intensos desde el alto el fuego de abril, lo que pone en riesgo los esfuerzos diplomáticos para alcanzar una solución pacífica al conflicto.
Las hostilidades comenzaron el 7 de julio tras ataques atribuidos a Irán contra barcos en el Golfo, y desde entonces la violencia ha escalado rápidamente. El presidente estadounidense, Donald Trump, amenazó con atacar infraestructuras críticas, como puentes y centrales eléctricas, si Irán no regresa a la mesa de negociaciones.
La comunidad internacional observa con preocupación la reanudación de estos enfrentamientos, que han causado miles de muertes, principalmente en Irán y Líbano, donde se libra una lucha entre Israel y el movimiento proiraní Hezbolá. Pakistán, que actúa como mediador, ha instado a ambas partes a «poner fin a la violencia y reanudar las discusiones», en un intento por restaurar la paz en la región.