Chile conmemora este 11 de septiembre el 53 aniversario del golpe de Estado que derrocó al presidente Salvador Allende en 1973, pero lo hace sin actos oficiales por primera vez desde el retorno a la democracia en 1990. Esta decisión, tomada por el gobierno del ultraderechista José Antonio Kast, marca un hito en la historia reciente del país, donde la memoria del pasado dictatorial ha sido un tema de constante debate y reflexión.
A lo largo de los años, el 11 de septiembre ha sido una fecha de recordación y homenaje a las víctimas de la dictadura de Augusto Pinochet, que se extendió hasta 1990. Sin embargo, este año, la ausencia de ceremonias oficiales ha generado un ambiente de controversia y descontento entre diversos sectores de la sociedad chilena. Mientras que organizaciones civiles, familiares de víctimas y partidos de oposición realizaron sus propios tributos, el silencio del gobierno ha dejado un vacío significativo en la conmemoración.
Un cambio en la narrativa oficial
Desde el fin de la dictadura, todos los gobiernos chilenos han reconocido la importancia de recordar este trágico evento. La falta de actos oficiales en 2023 refleja un cambio en la narrativa política bajo la administración de Kast, quien ha sido criticado por su postura respecto a la historia reciente del país. En lugar de fomentar el diálogo y la memoria, su gobierno parece optar por una estrategia de distanciamiento de los eventos que marcaron la historia de Chile.
Las organizaciones de derechos humanos y las familias de las víctimas han expresado su preocupación ante esta nueva postura. “El silencio del gobierno es una forma de deslegitimar el sufrimiento de miles de chilenos”, afirmó una portavoz de una de las agrupaciones que conmemoró el aniversario. Este sentimiento se ha visto reflejado en las manifestaciones y actos simbólicos que se llevaron a cabo en distintas partes del país, donde se recordó a las víctimas de la represión y se exigió justicia.
El hecho de que no se realicen actos oficiales este año también ha sido interpretado como un intento de la administración de Kast de reescribir la historia reciente de Chile. Sin embargo, la resistencia de la sociedad civil y el compromiso de las organizaciones de derechos humanos aseguran que la memoria de Allende y las víctimas de la dictadura no será olvidada. “La memoria es un acto de resistencia”, declaró un líder comunitario durante una de las ceremonias no oficiales.
La conmemoración de este año invita a reflexionar sobre el futuro de la democracia en Chile y el papel que juega la memoria histórica en la construcción de una sociedad más justa. A medida que el país avanza, el desafío será encontrar un equilibrio entre el reconocimiento del pasado y la búsqueda de un futuro inclusivo y democrático.