La reforma policial dominicana requiere un cambio profundo en la salud mental de los agentes, advierte el psiquiatra José Miguel Gómez, quien sostiene que equipamiento moderno y cambios administrativos serán insuficientes sin una transformación en las conductas y actitudes de los uniformados.

Gómez enfatizó que la Policía Nacional debe priorizar el desarrollo de competencias psicológicas fundamentales como el manejo de conflictos, la regulación emocional, la empatía y la proporcionalidad en el uso de la fuerza. Según el especialista, estos elementos son críticos para lograr una reforma integral que impacte la seguridad ciudadana y la confianza en las instituciones.

El profesional de la salud mental planteó una realidad que va más allá de lo visible en los debates públicos sobre reforma policial. Mientras políticos y directivos enfatizan la adquisición de tecnología, modernización de equipos y cambios en la estructura organizacional, Gómez insiste en que estas medidas pierden efectividad si no se acompañan de un trabajo sistemático sobre el bienestar psicológico de quienes visten el uniforme.

El factor humano como piedra angular de la seguridad

La salud mental de los policías impacta directamente la calidad de sus decisiones en situaciones de crisis. Un agente con estrés no controlado, traumatismos no tratados o deficiencias en inteligencia emocional tiende a reaccionar desproporcionadamente ante conflictos que podrían resolverse de forma más efectiva con herramientas cognitivas adecuadas.

En República Dominicana, donde los reportes de exceso de fuerza policial, casos de corrupción y violencia institucional permanecen en la agenda pública, la propuesta de Gómez toca un aspecto frecuentemente ignorado. La reforma policial se ha centrado históricamente en cambios de comando, inversión en equipamiento y modificaciones legales, pero ha delegado a un segundo plano la atención a la salud mental de los efectivos.

El psiquiatra sugiere que la regulación emocional es especialmente vital en contextos de alto estrés operacional. Un policía que carece de estrategias para manejar la frustración, el miedo o la ira en terreno se convierte en un riesgo potencial para la comunidad que supuestamente debe proteger. La empatía, a su vez, permite que el agente entienda la perspectiva del ciudadano y busque soluciones dialogadas antes que confrontacionales.

La proporcionalidad en el uso de la fuerza representa otro pilar central de la propuesta. Una decisión proporcionada requiere que el policía tenga capacidad de evaluar la amenaza real, controlar sus impulsos y elegir la respuesta más adecuada entre varias opciones disponibles. Sin este control emocional, la escalada de violencia se convierte en la salida por defecto.

Las autoridades dominicanas han reconocido la necesidad de reforma policial en múltiples ocasiones, pero los avances concretos en aspectos psicológicos han sido limitados. La propuesta de Gómez invita a repensar estrategias: invertir en programas de salud mental, capacitación en inteligencia emocional y seguimiento psicológico continuo podría generar cambios más profundos que la adquisición de armas de última generación.

El desafío está claro: una policía reformada no es solo una policía mejor equipada, sino una institucionalidad donde sus servidores posean las herramientas cognitivas y emocionales para servir con integridad, proporcionalidad y respeto a los derechos fundamentales de los ciudadanos.

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