El presidente de la Corte de Apelación del Departamento Judicial de San Juan de la Maguana, Manuel Ramírez Suzaña, afirmó que la pobreza y la desigualdad social son factores que obstaculizan el desarrollo de una política criminal eficaz en la República Dominicana. Durante su intervención en un foro sobre justicia, Ramírez Suzaña subrayó que, para lograr una verdadera efectividad en el combate al delito, es fundamental abordar estos problemas estructurales que afectan a la sociedad.

El magistrado enfatizó que, más allá de las medidas punitivas, es necesario implementar políticas que promuevan la inclusión social y la reducción de la pobreza. Según sus palabras, “la justicia no puede ser solo un asunto de castigo, sino que debe incluir un enfoque integral que contemple la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos”. Esta perspectiva invita a reflexionar sobre el papel del Estado en la prevención del delito y la promoción del bienestar social.

Desigualdad como raíz del problema

Ramírez Suzaña también destacó que la desigualdad social genera un ambiente propicio para el delito, ya que las personas en situación de vulnerabilidad a menudo se ven empujadas a cometer crímenes por la falta de oportunidades. En este sentido, el magistrado instó a las autoridades a considerar la implementación de programas sociales que aborden las causas subyacentes de la criminalidad.

El contexto histórico de la República Dominicana revela que la pobreza ha sido un problema persistente, afectando a amplios sectores de la población. A pesar de los esfuerzos realizados en las últimas décadas para mejorar las condiciones económicas, la desigualdad sigue siendo un desafío que limita el acceso a servicios básicos y oportunidades laborales. Esto, a su vez, contribuye a un ciclo de criminalidad que se perpetúa en el tiempo.

En su análisis, Ramírez Suzaña también hizo un llamado a equilibrar la respuesta del Estado frente al delito con el respeto a las garantías y los derechos fundamentales de los ciudadanos. “No se puede luchar contra el crimen a expensas de los derechos humanos”, afirmó, resaltando la importancia de una justicia que respete la dignidad de todas las personas, independientemente de su situación económica.

La postura del magistrado resuena en un momento en que la política criminal del país está bajo escrutinio. La necesidad de un enfoque más humano y social en la justicia penal se vuelve cada vez más evidente, especialmente en un contexto donde la violencia y la delincuencia han aumentado en diversas regiones. La implementación de políticas que prioricen el desarrollo social podría ser una solución viable para enfrentar estos retos.

En conclusión, la afirmación de Ramírez Suzaña sobre la pobreza y la desigualdad social como obstáculos para una política criminal eficaz invita a repensar las estrategias actuales. La justicia no debe limitarse a sancionar conductas delictivas, sino que debe ser parte de un esfuerzo más amplio por construir una sociedad más equitativa y justa.

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