Tres años de trabajo en comisión consultiva terminaron en el archivo legislativo. El proyecto de ley sobre libertad de expresión y medios audiovisuales, enviado al Senado en abril de 2025, caducó sin ser aprobado dentro del plazo reglamentario y fue archivado sin debate de fondo en la cámara alta. La iniciativa que pretendía modernizar el marco legal dominicano en materia de derechos comunicacionales desaparece del radar legislativo sin dejar rastro en la agenda política.

El recorrido de esta propuesta refleja las dificultades estructurales del Senado para procesar iniciativas complejas. La comisión consultiva que elaboró el proyecto invirtió tres años en redacción y consultas, buscando construir consensos alrededor de un tema sensible. Sin embargo, una vez llegó a la institución legislativa, el trámite parlamentario no avanzó conforme a los tiempos establecidos. Las comisiones legislativas no priorizaron su análisis y el proyecto simplemente expiró.

Este colapso normativo ocurre en un contexto donde la República Dominicana sigue operando con marcos legales anticuados en materia de comunicación social. La Ley 153-98 de Telecomunicaciones y la Ley 677-54 sobre Libertad de Prensa, ambas rezagadas respecto a realidades digitales y nuevos modelos de distribución de contenidos, continúan siendo el referente legal. El país carece de una regulación moderna que equilibre derechos de expresión, protección de audiencias y regulación de plataformas.

Qué impedía avanzar la iniciativa legislativa

Proyectos de esta envergadura enfrentan barreras políticas predecibles en cualquier parlamento. Sectores de la industria mediática, actores políticos y grupos de interés diverso presentan visiones encontradas sobre qué debe regular una ley de libertad de expresión. Los medios tradicionales defienden marcos que protejan sus intereses comerciales, mientras que plataformas digitales presionan por ausencia de regulación. Organizaciones de derechos humanos y sociedad civil buscan garantías de acceso a información.

Dentro del Senado, no existió coalición clara que impulsara el debate. Las comisiones legislativas funcionan según dinámicas de poder interno, y cuando no hay presión política suficiente desde el liderazgo, proyectos quedan en limbo. El archivo del proyecto sugiere que simplemente no fue prioridad legislativa para la mayoría de senadores. Otros temas dominaron la agenda legislativa de los últimos meses.

La caducidad de esta iniciativa también expone debilidades en los mecanismos de seguimiento legislativo. No existe un sistema robusto que alerte sobre proyectos a punto de expirar o que facilite reactivarlos cuando hay voluntad política. Los proyectos simplemente desaparecen en expedientes archivados, a merced de cambios de composición legislativa o prioridades políticas.

El futuro de la regulación de libertad de expresión y medios en República Dominicana quedó nuevamente pospuesto. Para que una nueva iniciativa prospere requerirá de presión pública, coalición política clara y, probablemente, nuevo ciclo legislativo. Mientras tanto, el país continuará sin una ley moderna que ordene la comunicación social en era digital.

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