El presidente Luis Abinader reafirmó el compromiso del Gobierno con la apertura al diálogo tras las manifestaciones ciudadanas de los últimos días, reconociendo que existe una responsabilidad de escuchar los reclamos que emergen de sectores diversos de la población dominicana.
Durante una entrevista concedida a los periodistas José Monegro y Edith Febles, el mandatario enfatizó que las protestas recientes incluyen «demandas legítimas» que merecen atención institucional. Abinader subrayó su determinación de mantener los canales de diálogo abiertos como mecanismo para procesar las inquietudes ciudadanas sin comprometer la estabilidad social ni los avances alcanzados en los últimos años de gestión.
La declaración presidencial llega en un contexto de movilizaciones que han marcado el calendario político nacional. El Gobierno ha señalado que reconoce tanto la importancia de las voces de protesta como la necesidad de canalizar estas demandas a través de vías institucionales que permitan construir consensos duraderos y evitar polarización.
Un llamado a la construcción conjunta de soluciones
Abinader enfatizó que el Estado no cierra las puertas a sectores que expresan desconformidad con políticas específicas o que presentan peticiones justas. La estrategia comunicacional del Gobierno apunta a posicionarse como un actor dispuesto a negociar, sin renunciar al liderazgo ejecutivo en la toma de decisiones finales sobre asuntos que competen a la administración pública.
La apertura declarada al diálogo representa un ajuste en el tono de la comunicación oficial respecto a las protestas, buscando desactivar tensiones sin ceder ante presiones externas. Abinader ha insistido en que el Gobierno mantiene un compromiso inquebrantable con la paz social como condición para que el país continúe su proceso de crecimiento económico y fortalecimiento institucional.
Las declaraciones presidenciales también reflejan un reconocimiento implícito de que las demandas ciudadanas responden a problemas reales que requieren respuestas concretas. Sin embargo, el Gobierno ha dejado clara su postura de que no todas las peticiones pueden ser satisfechas de manera inmediata, sino que requieren análisis técnico, consulta presupuestaria y evaluación de impacto.
La estrategia de Abinader combina un mensaje de receptividad con una defensa clara de la gestión realizada. El presidente busca establecer una distinción entre escuchar las protestas y aceptar que la gestión gubernamental ha sido deficiente, posicionándose como un líder que valida las demandas sin necesariamente aceptar críticas globales a su administración.