El presidente Luis Abinader reafirmó este jueves que la administración mantiene canales abiertos para atender las demandas de ciudadanos que han salido a las calles en protesta durante los últimos días. Durante un conversatorio, el mandatario enfatizó que el Gobierno no ignora el descontento social y que existe contacto directo con los manifestantes para identificar sus preocupaciones específicas.

Abinader reconoció que las manifestaciones y cacerolazos registrados responden a una realidad económica global que afecta a la República Dominicana, pero argumentó que estos fenómenos no invalidan el progreso alcanzado en diversos sectores durante su gestión. El presidente hizo un llamado explícito a la ciudadanía para que mantenga la calma y preserve la paz, independientemente de las legítimas inconformidades que puedan existir.

Las declaraciones del mandatario llegan en un contexto donde la presión fiscal, el costo de vida y las tarifas de servicios básicos han generado tensiones en múltiples sectores de la población. Comerciantes, transportistas y grupos organizados han usado la protesta como mecanismo para visibilizar sus preocupaciones ante una administración que, según algunos análisis, ha privilegiado la ortodoxia fiscal sobre medidas de alivio inmediato.

Gobierno apela al diálogo mientras enfrenta críticas por política económica

La postura de Abinader refleja una estrategia comunicacional de reconocimiento sin capitulación. Al admitir que el Gobierno «atiende» las protestas, el presidente intenta proyectar una imagen de administración receptiva, pero sin comprometerse a cambios estructurales en las políticas que generan el malestar ciudadano. Este enfoque ha sido histórico en gobiernos que enfrentan presión social: validar la demanda mientras mantienen la ruta trazada.

El contexto internacional juega un papel importante en esta narrativa presidencial. La inflación global, el aumento de precios de combustibles y alimentos, así como la volatilidad de los mercados financieros han impactado directamente la economía dominicana. Sin embargo, ciudadanos y grupos empresariales argumentan que existen márgenes de acción interna que la administración aún no ha explorado con suficiencia.

El llamado de Abinader a preservar la paz es un mensaje dirigido tanto a manifestantes como a sectores empresariales y sindicales que podrían escalar sus acciones de protesta. En las últimas décadas, el país ha visto cómo movilizaciones sin coordinación institucional pueden derivar en conflictividad mayor, afectando cadenas de suministro, servicios y estabilidad social general.

Las próximas semanas serán determinantes para evaluar si este diálogo anunciado produce resultados concretos o si las protestas continúan intensificándose. La credibilidad del Gobierno dependerá no solo de sus palabras, sino de acciones tangibles que demuestren atención real a las demandas ciudadanas. Mientras tanto, el sector privado observa atentamente cómo evolucionan estas tensiones, consciente de que su actividad económica está directamente vinculada a la estabilidad política y social que Abinader insiste en preservar.

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