Keiko Fujimori fue oficialmente reconocida como jefa suprema de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional de Perú durante una ceremonia protocolaria que tuvo lugar en el Patio de Honor del Palacio de Gobierno de Lima. Este evento se realizó un día después de que asumiera la presidencia del país para el período 2026-2031, marcando un nuevo capítulo en la política peruana.

La ceremonia, que se llevó a cabo en un ambiente de respeto a la institucionalidad y al orden democrático, contó con la presencia de altos mandos militares y policiales. Fujimori, quien es hija del expresidente Alberto Fujimori, destacó la importancia de la unidad y la colaboración entre las fuerzas del orden y el gobierno para enfrentar los desafíos que enfrenta el país.

Un nuevo liderazgo en tiempos de cambio

En su discurso, la presidenta enfatizó que su administración se compromete a trabajar de la mano con las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional para garantizar la seguridad y el bienestar de todos los peruanos. «La seguridad es un pilar fundamental para el desarrollo de nuestra nación», afirmó Fujimori, quien también subrayó la necesidad de fortalecer las capacidades operativas de estas instituciones.

El reconocimiento de Fujimori como jefa suprema es significativo, ya que refleja su intención de consolidar el control civil sobre las fuerzas armadas en un país que ha enfrentado desafíos en términos de gobernabilidad y seguridad. Su gobierno se presenta como un intento de restaurar la confianza en las instituciones, tras años de crisis política y social.

Este evento no solo marca un hito en la carrera política de Fujimori, sino que también plantea interrogantes sobre el futuro de la política en Perú. La presidenta deberá navegar en un entorno complejo, donde la polarización y la desconfianza hacia las instituciones son palpables. Su capacidad para unir a un país dividido será crucial para el éxito de su mandato.

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