El presidente Luis Abinader reconoció públicamente los retrasos en la aprobación de las correcciones al Código Penal durante un conversatorio, asumiendo responsabilidad sobre la demora en un proceso que busca modernizar la normativa sobre libertad de expresión y protección de derechos fundamentales en República Dominicana.

El mandatario explicó que los cambios propuestos persiguen «garantizar un equilibrio entre la libertad de expresión y de prensa y derechos fundamentales como la intimidad, la honra, el buen nombre y la dignidad de las personas». Según sus palabras, la iniciativa también contempla establecer controles frente al uso y abuso de las redes sociales sin comprometer las libertades constitucionales que caracteriza el Estado de derecho dominicano.

La propuesta de reforma a la Ley de Expresión y Difusión del Pensamiento fue elaborada mediante un proceso participativo que incluyó consultas con diversos sectores de la sociedad. Sin embargo, su tramitación legislativa ha enfrentado obstáculos que han extendido su agenda parlamentaria más allá de los tiempos inicialmente previstos por el ejecutivo.

El dilema entre libertades y protecciones en la era digital

La reforma penal enfrenta un reto conceptual complejo en la República Dominicana contemporánea. El auge de las redes sociales ha generado un ecosistema donde la circulación de información se produce de forma instantánea y masiva, creando tensiones entre quienes defienden la libertad irrestricta de expresión y aquellos que reclaman protecciones contra el ciberacoso, la difamación y la difusión no consentida de contenido íntimo.

El reconocimiento presidencial del retraso representa una estrategia política de gestión de expectativas. Abinader busca transmitir que la demora responde no a negligencia, sino a la complejidad de balancear derechos que frecuentemente colisionan. Este enfoque refleja una realidad que enfrentan múltiples democracias: no existen soluciones jurídicas simples para conflictos que tocan fibras ideológicas profundas en la sociedad.

El conversatorio donde el presidente hizo su «mea culpa» sugiere que el gobierno pretende mantener la iniciativa en la agenda pública y legislativa. Al asumir responsabilidad por los retrasos, Abinader busca recuperar momentum político sobre una reforma que permanece estancada en el Congreso Nacional, donde confluyen presiones de múltiples actores: periodistas, defensores de derechos digitales, víctimas de difamación y sectores religiosos conservadores.

La viabilidad de aprobar estas correcciones dependerá de la capacidad negociadora del ejecutivo con las bancadas legislativas. La reforma requiere consensos amplios en un Parlamento donde las mayorías de dos tercios —necesarias para modificaciones al Código Penal— no siempre están garantizadas en temas que polarizaban la opinión pública dominicana.

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