Comercios cerrados, neveras sin funcionar y viviendas en la oscuridad. Así viven desde hace más de cuatro días los residentes de la calle Siete en el sector Los Frailes II de Santo Domingo Este, donde un apagón parcial persistente ha paralizado la actividad económica y cotidiana de la comunidad. Los afectados denuncian que, a pesar de reportar la avería a la Empresa Distribuidora de Electricidad del Este (Edeeste), la respuesta ha sido promesas incumplidas.
La falta de electricidad ha golpeado particularmente a los pequeños comerciantes de la zona. Propietarios de tiendas, almacenes y negocios de servicios han visto mermadas sus ganancias mientras mantienen los locales cerrados, incapaces de operar sin energía. Algunos han intentado usar plantas eléctricas y baterías, pero la solución temporal no resuelve el problema de fondo ni cubre los costos adicionales que esto genera. «Llevamos cuatro días sin poder vender. Es dinero que se nos va», comenta un comerciante del sector.
Lo que complica la situación es la falta de respuesta inmediata de Edeeste. Los vecinos reportaron la falla desde el primer momento, pero las actualizaciones que reciben de la distribuidora se limitan a promesas vagas de que «una brigada solucionará el problema». Mientras tanto, el tiempo transcurre sin que se vea movimiento técnico en el terreno. Esta demora no es aislada en Santo Domingo Este, una zona que históricamente ha registrado problemas recurrentes de suministro eléctrico.
El costo humano de la ineficiencia energética
Más allá de lo económico, el apagón sostenido afecta la salud y la seguridad de los residentes. Las familias han visto deteriorarse los alimentos en sus hogares, pierden capacidad de refrigeración para medicamentos que lo requieren, y la ausencia de luz genera riesgos de seguridad durante las noches. Los ancianos y niños pequeños sufren particularmente con los cambios bruscos de temperatura que genera la falta de aires acondicionados y ventiladores en un clima tropical.
Santo Domingo Este concentra una población que depende en gran medida del comercio informal y pequeñas empresas. Cada hora sin electricidad representa pérdidas directas que no se recuperan. Los dueños de negocios no reciben compensación por la avería de la distribuidora, asumiendo completamente el costo de la ineficiencia del sistema.
La situación expone nuevamente las deficiencias estructurales en la distribución de electricidad en la provincia. Edeeste tiene la responsabilidad no solo de restaurar el servicio rápidamente, sino de comunicar con transparencia a los usuarios sobre el cronograma real de reparación y los factores que generan estos apagones recurrentes. La falta de información genera frustración adicional entre los afectados.
Mientras redactábamos esta nota, los residentes continuaban esperando por una solución que, según sus reportes, tardaba más de lo tolerable. Edeeste no ha emitido comunicado público sobre la avería ni su tiempo estimado de resolución, dejando a la comunidad en la incertidumbre sobre cuándo se normalizará el servicio.