Los discursos que hicieron oposición durante años se han convertido en las justificaciones del gobierno actual. El Partido Revolucionario Moderno (PRM), que llegó al poder en agosto de 2020 con promesas de transformación y críticas contundentes al ejecutivo anterior, ahora enfrenta el mismo escrutinio que alguna vez dirigió hacia el Partido de la Liberación Dominicana (PLD). La transición de críticos a gobernantes ha dejado evidencia documentada en redes sociales y declaraciones públicas que ilustran este cambio de posición.

Durante los gobiernos del PLD, los entonces dirigentes opositores del PRM cuestionaban decisiones sobre política fiscal, endeudamiento público, corrupción y gestión de recursos. Sus mensajes en redes sociales resonaban con sectores descontentos. Prometían transparencia, eficiencia y respeto a las instituciones. Esas mismas promesas fueron el fundamento de su campaña electoral y la esperanza depositada por millones de dominicanos que buscaban un cambio institucional palpable.

Sin embargo, una vez en el poder, muchas de estas críticas no solo fueron replicadas, sino que en varios casos fueron amplificadas. Los temas que generaban indignación opositora ahora son explicados con argumentos que la militancia del PRM consideraría indefendibles si provinieran de sus adversarios políticos. El endeudamiento externo, las decisiones sobre presupuesto público y los nombramientos en instituciones claves son ejemplos de áreas donde el discurso ha mutado sin que necesariamente las políticas hayan cambiado sustancialmente.

Cuando el criterio político se rinde ante la gestión gubernamental

La brecha entre lo que se promete desde la oposición y lo que se ejecuta desde el poder no es exclusiva de República Dominicana, pero en este caso adquiere dimensiones particulares por la accesibilidad de las pruebas digitales. Tuits, publicaciones y videos que circularon hace tres, cuatro o cinco años pueden ser rescatados para contrastar la posición de hace años con la de hoy. Ese archivo digital funciona como espejo incómodo para cualquier político que cambió su narrativa.

El fenómeno revela algo más profundo que simple inconsistencia política. Sugiere que el discurso opositor, en muchos casos, no fue construido sobre análisis estructurales de los problemas nacionales, sino sobre la necesidad táctica de diferenciarse del gobierno en turno. Cuando esos críticos asumen responsabilidades ejecutivas, descubren que la realidad presupuestaria, institucional y geopolítica impone restricciones que sus proclamas opositoras no contemplaban.

Esto no implica que toda crítica formulada desde la oposición fuera infundada. Algunos cuestionamientos identificaban problemas reales. Pero la manera en que ahora se justifican decisiones similares—o idénticas—a las que se criticaban sugiere que el análisis político no era tan profundo como parecía.

La ciudadanía dominicana observa este desajuste entre discurso y acción. Cada vez que un funcionario del PRM debe justificar una medida que antes cuestionaba, pierde credibilidad no solo ese funcionario, sino la promesa de cambio que lo llevó al poder. El costo político de estas contradicciones se cobra lentamente, a través de la erosión de la confianza institucional y el crecimiento de la apatía electoral.

Para gobernantes y opositores, la lección es clara: las palabras pronunciadas desde fuera del poder tienen peso. Los dominicanos no olvidan fácilmente cuándo alguien cambió de criterio sin explicación coherente. El archivo digital es implacable, y las redes sociales garantizan que ningún tuit, por viejo que sea, queda verdaderamente enterrado.

Compartir: