Las redes sociales reactivaron este miércoles un debate político que dormía desde hace años: usuarios compararon los mensajes que publicó Luis Abinader en 2020 celebrando los cacerolazos con la posición actual del gobierno respecto a las protestas callejeras. La reacción en línea expone una fricción entre el discurso opositor de entonces y la gestión presidencial de hoy.

En su cuenta de X (antes Twitter), Abinader compartió en 2020 un mensaje donde valoraba positivamente las manifestaciones comunitarias conocidas como cacerolazos. Aquel entonces, como candidato opositor, la protesta era vista desde su perspectiva como un ejercicio legítimo de presión ciudadana contra el gobierno de turno. Los usuarios que rescataron la publicación ahora cuestionan si esa postura se mantiene tras cuatro años en el poder.

La reactivación del tema llega en un contexto donde el gobierno ha debido lidiar con diversas movilizaciones sociales. Desde marchas de sectores específicos hasta protestas por demandas económicas, la administración Abinader ha tenido que navegar entre permitir la expresión ciudadana y mantener el orden. Los publicadores en redes destacan una aparente contradicción entre apoyar las protestas desde la oposición y gestionar críticas desde el poder ejecutivo.

El discurso opositor versus la realidad del gobierno

Durante la campaña electoral de 2020, Abinader se posicionó como un candidato dispuesto a escuchar las demandas callejeras. Los cacerolazos de esa época reflejaban descontento con la administración anterior, y su reconocimiento público de esas manifestaciones formaba parte de su estrategia de conectar con un electorado frustrado. Esa narrativa fue central en su mensaje político como representante de una alternancia.

Ahora, cuatro años después de asumir el cargo presidencial, el panorama cambió. Las mismas plataformas que permitieron visualizar los cacerolazos de 2020 son utilizadas hoy para recordar al presidente sus propias palabras. El ejercicio de memoria colectiva que hacen los usuarios funciona como un espejo: ¿mantiene el gobierno la disposición que Abinader manifestó tener hacia la protesta ciudadana cuando estaba en la oposición?

Los comentarios en las redes varían entre usuarios que ven hipocresía política y otros que argumentan que gobernar requiere decisiones diferentes a las que se toman desde la oposición. Algunos destacan que reconocer el derecho a protestar no es incompatible con gestionar el orden público, mientras que otros sostienen que la receptividad del entonces candidato debería traducirse en mayor apertura del actual presidente.

El fenómeno expone una realidad recurrente en la política dominicana: la brecha entre lo que se promete en campaña y lo que se ejecuta en gobierno. Para los publicadores que compartieron el mensaje de 2020, es una oportunidad de señalar inconsistencias. Para la administración, representa un desafío en términos de percepción y credibilidad frente a sectores que esperaban mayor receptividad a las demandas sociales.

El debate en redes sociales seguirá su curso, pero la comparación deja un registro claro: políticos y ciudadanos operan desde narrativas diferentes dependiendo de si están en el poder o fuera de él. La pregunta que flota en el ambiente digital es si Abinader reconocería hoy los cacerolazos de la misma forma en que lo hizo hace cuatro años.

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