Francisco Javier García, aspirante presidencial del Partido de la Liberación Dominicana, presentó una estrategia de prevención de delincuencia juvenil estructurada en tres ejes fundamentales: iglesias, clubes culturales y deportes. La propuesta busca crear un blindaje integral contra la criminalidad mediante la participación de instituciones comunitarias que históricamente han funcionado como espacios de contención social en República Dominicana.

El también miembro del Comité Político peledeísta enfatizó que su plan no constituye una iniciativa improvisada, sino una estrategia deliberada que ejecutaría desde la Presidencia. García reconoce que la juventud dominicana enfrenta presiones crecientes vinculadas a la delincuencia organizada, el narcotráfico y la violencia callejera, fenómenos que han marcado la agenda política nacional durante los últimos años.

La propuesta de García identifica a las instituciones comunitarias como pilares fundamentales de prevención. Las iglesias, en particular, mantienen presencia en casi todos los barrios y sectores del país, con capacidad de influencia moral sobre poblaciones vulnerables. Los clubes culturales, por su parte, ofrecen espacios de expresión artística y desarrollo de identidad que pueden desviar a jóvenes de actividades ilícitas. El componente deportivo completa el triángulo al proporcionar disciplina, competencia sana y sentido de pertenencia.

Estrategia multisectorial contra la criminalidad juvenil

Este enfoque contrasta con modelos tradicionales que enfatizan únicamente la represión policial. García plantea una prevención que actúa antes de que el delito ocurra, apuntando a factores de riesgo como el desempleo juvenil, la falta de opciones recreativas y el vacío de figuras de autoridad positivas en comunidades vulnerables.

La combinación de estos tres sectores responde a realidades diagnosticadas en investigaciones sobre criminalidad juvenil en el Caribe. El desempleo, la pobreza y la exclusión social figuran como factores determinantes en la incorporación de menores a estructuras delictivas. Un joven ocupado en actividades deportivas, involucrado en su iglesia o participando en expresiones culturales cuenta con menor disponibilidad y menor exposición a reclutadores de organizaciones criminales.

García no ha detallado mecanismos de financiamiento específicos ni cómo se coordinaría la participación de iglesias y clubes culturales con el aparato estatal. Sin embargo, su planteamiento sugiere que estas instituciones recibirían respaldo gubernamental para expandir sus programas y alcance territorial, especialmente en zonas de mayor incidencia delictiva.

La iniciativa llega en un momento en que la inseguridad permanece como una de las principales preocupaciones de los dominicanos. Según registros de años anteriores, la población juvenil ha sido tanto víctima como perpetradora de delitos, alimentando ciclos de violencia que afectan barrios enteros. Organizaciones civiles han documentado cómo menores vinculados a bandas criminales reclutan a compañeros de escuela, familia y comunidad.

La propuesta de García representa una apuesta por fortalecer tejido social desde instituciones ya enraizadas en la sociedad dominicana. Si bien no es la primera vez que un aspirante presidencial menciona la prevención como eje de seguridad, la especificidad de vincular iglesias, cultura y deportes en una estrategia articulada marca una diferencia en términos de formulación de política pública preventiva.

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