Monseñor Jesús María de Jesús Moya, obispo emérito de la Diócesis de San Francisco de Macorís, falleció el miércoles a los 93 años, dejando un legado de más de seis décadas de servicio pastoral. Su deceso fue anunciado por la Diócesis de San Francisco de Macorís, que expresó su profundo pesar por la pérdida de un líder espiritual comprometido con la educación y la justicia social.
El anuncio de su fallecimiento fue realizado por la Conferencia del Episcopado Dominicano a través de sus redes sociales, destacando la importancia de su labor en la comunidad católica del país. Monseñor Moya fue conocido por su dedicación y su incansable trabajo en pro de los valores cristianos, así como por su defensa de los derechos de los más necesitados.
Desde la mañana del jueves, su féretro fue expuesto en la Catedral Santa Ana de San Francisco de Macorís, donde se celebraron tres eucaristías en su honor. La comunidad católica y ciudadanos de diversas partes del país se unieron para rendir homenaje a un hombre que se convirtió en un pilar de la fe y la esperanza en la región. “Su vida fue un ejemplo de amor y dedicación a Dios y a su pueblo”, expresó uno de los asistentes a las ceremonias.
Legado y contribuciones a la sociedad dominicana
Monseñor Moya fue un defensor incansable de la educación y la justicia social, promoviendo iniciativas que beneficiaron a las comunidades más vulnerables. Durante su tiempo como obispo, estableció programas educativos y de asistencia social que impactaron positivamente en la vida de miles de dominicanos. Su enfoque en la educación como herramienta de transformación social fue un sello distintivo de su ministerio.
Además de su labor pastoral, Moya fue un firme crítico de las injusticias sociales en el país, abogando por una sociedad más equitativa. Su voz resonó en momentos críticos de la historia dominicana, donde se pronunció en favor de los derechos humanos y la dignidad de las personas. “Siempre luchó por un país donde prevalezca la justicia y la paz”, comentó un colega del clero.
Su legado perdurará en la memoria de aquellos que lo conocieron y en las comunidades que se beneficiaron de su labor. La Iglesia católica dominicana ha perdido a un líder ejemplar, pero su influencia y enseñanzas continuarán guiando a futuras generaciones. La comunidad de San Francisco de Macorís y el país entero rinden tributo a un hombre que dedicó su vida al servicio de Dios y de su pueblo.