La reforma a la Ley Orgánica de la Policía Nacional incluye una medida sin precedentes: convertirá en falta grave que un agente policial realice registros sin tener activada su cámara corporal. El proyecto, presentado en el Senado, también reconoce expresamente el derecho de los ciudadanos a grabar en todo momento las actuaciones de la policía. Esta iniciativa legislativa busca incrementar la transparencia y accountability en los procedimientos de control ciudadano hacia la institucionalidad.

La propuesta de reforma establece nuevos estándares de regulación para los retenes y operativos policiales. El no activar la cámara corporal durante un registro pasaría a considerarse una infracción disciplinaria de la máxima gravedad, lo que significa que los agentes que incumplan enfrentarían sanciones administrativas significativas. Los legisladores que impulsan estas modificaciones argumentan que la grabación continua de las actuaciones policiales constituye una herramienta fundamental para proteger tanto a los ciudadanos como a los propios uniformados.

Transparencia como mecanismo de control institucional

La decisión de incluir cámaras corporales como requisito obligatorio refleja una tendencia global en modernización policial. República Dominicana se alinearía con países que han implementado sistemas similares, donde la grabación de interacciones entre policías y ciudadanos ha documentado tanto abusos como ha protegido a agentes de denuncias infundadas. El reconocimiento explícito del derecho ciudadano a grabar representa un cambio de paradigma respecto a cómo se concebían históricamente estos espacios públicos.

El informe legislativo también dispone nuevos controles para los chequeos y registros preventivos. Estos mecanismos buscan establecer protocolos más rigurosos que limiten la arbitrariedad en las intervenciones, reduciendo prácticas discriminatorias o abusivas que han generado tensiones recurrentes entre la población y la institución policial. Los operativos deberían documentarse de manera exhaustiva, creando un registro verificable de cada actuación.

La medida enfrenta un desafío práctico significativo: garantizar que toda la institución policial disponga de cámaras corporales funcionales y mantenidas. La implementación requeriría inversión en equipamiento, capacitación y sistemas de almacenamiento de datos. Sin estos componentes, la ley quedaría reducida a un enunciado sin aplicabilidad real.

Desde la perspectiva de derechos humanos, la iniciativa es progresista. Organizaciones civiles han documentado durante años casos de abuso policial que habrían sido resueltos con evidencia visual. Sin embargo, también genera interrogantes sobre privacidad: qué sucede con las grabaciones, quién tiene acceso a ellas, cómo se protegen datos sensibles de ciudadanos videograbados durante retenes.

La reforma representa un intento por modernizar la relación entre policía y sociedad en tiempos donde la confianza institucional está erosionada. Si se implementa con seriedad, podría establecer un nuevo estándar de profesionalismo policial. Sin embargo, leyes sin recursos ni voluntad política de cumplimiento terminan siendo promesas incumplidas que agravan la desconfianza existente.

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