El antiguo Hotel Santo Domingo, ubicado en la capital, sigue en un estado de abandono casi un año después de que el Gobierno anunciara la adquisición de sus terrenos para la construcción de un nuevo centro de convenciones. A pesar de las promesas del ministro de Turismo, David Collado, de iniciar la demolición en los próximos meses, hasta el momento no se han visto señales de actividad en el lugar, que permanece cubierto de maleza y con puertas aseguradas con madera.
El 2 de septiembre de 2025, el presidente Luis Abinader hizo pública la compra de las instalaciones, un proyecto que se esperaba impulsara el turismo y la economía de la zona. Sin embargo, la falta de avances en la obra ha generado preocupación entre los sectores interesados en el desarrollo turístico del país, que ven en este centro de convenciones una oportunidad para atraer eventos internacionales y fomentar el crecimiento del sector.
Expectativas y realidades del proyecto
Desde el anuncio de la compra, las expectativas han sido altas. La construcción de un centro de convenciones moderno se considera crucial para posicionar a Santo Domingo como un destino atractivo para conferencias y ferias. Sin embargo, la realidad actual contrasta con las promesas iniciales. En el terreno, la ausencia de trabajadores y maquinaria es evidente, lo que ha llevado a muchos a cuestionar el compromiso del Gobierno con este proyecto.
El antiguo hotel, que en su momento fue un ícono de la hospitalidad dominicana, ahora se presenta como un símbolo del estancamiento en el desarrollo turístico. Con la infraestructura deteriorándose y sin un plan claro de acción, los empresarios del sector turístico expresan su frustración. “Es fundamental que se concrete este proyecto para que Santo Domingo no se quede atrás en la competencia regional”, afirmó un representante de la Asociación de Hoteles y Restaurantes.
Además, la falta de avances también refleja un problema más amplio en la gestión de proyectos de infraestructura en el país. La burocracia y la falta de coordinación entre las diferentes instituciones gubernamentales pueden estar afectando el progreso de iniciativas que son vitales para el desarrollo económico. La comunidad local, que espera beneficios directos de este centro, también se siente decepcionada por la inacción.
En conclusión, el futuro del Centro de Convenciones de Santo Domingo depende de la capacidad del Gobierno para transformar las promesas en acciones concretas. A medida que se acerca el aniversario del anuncio de la compra, la presión para iniciar las obras aumenta. La comunidad y los sectores involucrados continúan a la espera de que se materialice un proyecto que podría cambiar el panorama turístico de la capital dominicana.