La Cámara de Cuentas de la República Dominicana (CCRD) ha sido objeto de críticas por su falta de transparencia, lo que ha llevado a cuestionamientos sobre la gestión de sus miembros, especialmente de su presidenta, Emma Polanco. En un contexto donde la rendición de cuentas es fundamental, las recientes decisiones de la CCRD parecen más bien un intento de ocultar información que de facilitar el acceso a la misma.

La CCRD, encargada de auditar y supervisar el uso de los recursos públicos, ha implementado restricciones que limitan el acceso a su portal. Esta medida ha sido interpretada como una forma de silenciar a los medios de comunicación y a los periodistas que buscan investigar y reportar sobre la gestión de la institución. «Quien nada debe, nada teme», reza un adagio popular que contrasta con la actitud que ha tomado la Cámara, generando desconfianza entre la ciudadanía.

Falta de transparencia y sus implicaciones

La falta de transparencia en la CCRD no solo afecta a los medios de comunicación, sino que también impacta en la percepción pública sobre la integridad de la institución. La capacidad de la Cámara para cumplir con su misión de fiscalización se ve comprometida cuando se cierran las puertas al escrutinio. Esto se traduce en un ambiente donde las irregularidades pueden prosperar sin el temor a ser descubiertas.

Los críticos argumentan que la gestión de Emma Polanco y su equipo ha estado marcada por una serie de decisiones que parecen más orientadas a proteger intereses personales que a garantizar la transparencia en el uso de los recursos públicos. Esta situación ha llevado a que sectores de la sociedad civil exijan una revisión de la estructura y funcionamiento de la CCRD, así como una mayor apertura hacia la ciudadanía.

En un país donde la corrupción ha sido un tema recurrente, la CCRD debería ser un bastión de confianza y transparencia. Sin embargo, la percepción de que hay «cuentas turbias» que no quieren ser aclaradas genera un clima de desconfianza que podría tener repercusiones graves en la gobernabilidad y en la legitimidad de las instituciones.

La situación actual de la CCRD también refleja un problema más amplio en la administración pública dominicana, donde la falta de rendición de cuentas se ha convertido en una norma. La presión de la ciudadanía y de los medios de comunicación es crucial para exigir cambios y garantizar que las instituciones cumplan con su deber de servir al pueblo.

En conclusión, la Cámara de Cuentas debe reconsiderar su postura y abrir sus puertas a la transparencia. Solo así podrá recuperar la confianza de la ciudadanía y cumplir con su misión de fiscalización de manera efectiva. La rendición de cuentas no debe ser un privilegio, sino un derecho fundamental de todos los dominicanos.

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