El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) ha emitido una alerta sobre la alarmante tasa de cesáreas en la República Dominicana, donde el 68.2% de los nacimientos se realizan a través de este procedimiento. Esta cifra, considerada elevada por el organismo, plantea la necesidad de investigar más a fondo las razones detrás de esta tendencia, especialmente en un contexto donde la tasa alcanza el 89% en centros privados y un 52.8% en establecimientos públicos, según los resultados de la Encuesta Nacional de Hogares y Salud (ENHOGAR-MICS 2025).

Unicef ha recomendado la utilización de herramientas como la Clasificación de Robson, un método que permite identificar en qué grupos de mujeres se concentra el mayor número de cesáreas. Esta clasificación es fundamental para entender las causas subyacentes de esta alta tasa y para implementar estrategias que puedan reducirla. La organización enfatiza que cada cesárea debe ser justificada y no convertirse en una práctica rutinaria sin un motivo médico claro.

Análisis de la situación actual

La elevada tasa de cesáreas en la República Dominicana refleja una tendencia que ha sido objeto de debate en el ámbito de la salud pública. Expertos señalan que, aunque en algunos casos las cesáreas son necesarias por razones de salud, en muchos otros se realizan sin justificación médica adecuada. Esto no solo pone en riesgo la salud de las madres y los recién nacidos, sino que también puede tener implicaciones a largo plazo en la salud pública del país.

El contexto de la salud materna en la República Dominicana ha sido objeto de atención en los últimos años, con un enfoque en mejorar la calidad de la atención prenatal y el acceso a servicios de salud. Sin embargo, la persistente alta tasa de cesáreas plantea un reto significativo. Las cesáreas, cuando no son necesarias, pueden aumentar el riesgo de complicaciones en futuros embarazos y afectar la recuperación de la madre.

Además, la diferencia notable entre las tasas de cesáreas en centros privados y públicos sugiere que factores económicos y de acceso a la salud también juegan un papel crucial. En los hospitales privados, donde las cesáreas son más comunes, es posible que existan incentivos económicos que fomenten esta práctica. Por otro lado, en el sector público, la situación podría estar relacionada con la falta de recursos y capacitación adecuada para manejar partos vaginales de manera segura.

La recomendación de Unicef de utilizar la Clasificación de Robson es un paso en la dirección correcta. Esta herramienta no solo permitirá a los profesionales de la salud identificar patrones en los nacimientos, sino que también facilitará la elaboración de políticas más efectivas que promuevan un enfoque más equilibrado y seguro hacia el parto. La implementación de estas medidas podría contribuir a reducir la tasa de cesáreas y, en última instancia, mejorar la salud materna e infantil en el país.

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