El senador Antonio Taveras cuestionó este miércoles los cimientos institucionales de la Policía Nacional, asegurando que el organismo fue creado históricamente para reprimir al pueblo dominicano en lugar de proteger a los ciudadanos. El legislador por Santo Domingo hizo el pronunciamiento en medio de la indignación pública por el asesinato de un joven en el sector Herrera, utilizando el caso para impulsar una agenda más amplia de transformación policial que, según su criterio, requiere ser «seria» y estructural.
Taveras enfatizó que el país no puede seguir tolerando actos violentos como el ocurrido recientemente sin cuestionar de fondo el modelo institucional que existe. Para el senador, los hechos delictivos cometidos por uniformados no son desviaciones aisladas, sino consecuencias lógicas de una organización cuya génesis responde a objetivos represivos, no protectores. Esta postura lo sitúa en una línea crítica que trasciende las demandas puntuales de castigo a policías problemáticos para adentrarse en la discusión sobre quién debe ser la Policía Nacional en términos conceptuales y operativos.
Una institución en búsqueda de legitimidad
La Policía Nacional dominicana ha estado en el centro de controversias recurrentes durante décadas. Reportes de organismos de derechos humanos han documentado casos de uso excesivo de la fuerza, ejecuciones extrajudiciales y abuso de autoridad. Estas prácticas, lejos de disminuir, han generado desconfianza profunda en sectores amplios de la ciudadanía, especialmente en comunidades vulnerables donde la interacción con uniformados frecuentemente termina en tragedia.
El argumento de Taveras conecta con una narrativa histórica que académicos y analistas políticos han repetido: la Policía Dominicana heredó estructuras coloniales y de ocupación que priorizar el control social sobre el servicio comunitario. Aunque se han implementado reformas parciales en años recientes, incluyendo entrenamientos en derechos humanos y protocolos de uso de la fuerza, la cultura institucional profunda ha demostrado ser resistente al cambio.
El senador no especificó en su pronunciamiento qué componentes concretos debería incluir la «reforma seria» que propone. Sin embargo, experiencias internacionales sugieren que transformaciones reales van más allá de cambios administrativos: requieren revisión de procesos de selección y capacitación, modificación de incentivos operativos, independencia de investigaciones internas y, fundamentalmente, una reorientación de la misión institucional hacia el servicio y la protección real de derechos.
La tragedia en el sector Herrera vuelve a poner el tema de seguridad y responsabilidad policial en el centro del debate político nacional. Mientras ciudadanos exigen respuestas inmediatas y castigos ejemplares para los responsables, legisladores como Taveras elevan la discusión hacia preguntas más profundas sobre qué tipo de policía necesita realmente la República Dominicana. Esta bifurcación entre demandas urgentes y transformaciones estructurales es precisamente lo que ha mantenido el sistema en un ciclo de crisis, respuesta superficial y reincidencia.
El reto para el Congreso Nacional será traducir cuestionamientos válidos sobre el origen y naturaleza de la institución policial en legislación que efectivamente reconfigure sus prácticas, cultura y accountabilidad. Sin eso, las palabras de Taveras quedarán como diagnosis sin cura.