Julio Romero, excandidato a la alcaldía de Santo Domingo Este por la Fuerza del Pueblo, advirtió ayer sobre un problema que erosiona desde adentro la organización: dirigentes del partido se reparten cargos públicos como si ya gobernaran, cuando ni siquiera están en el poder. La denuncia expone fracturas internas en la estructura política antes de cualquier acceso a la administración pública.
Durante un evento, Romero se dirigió directamente al líder Leonel Fernández con crítica frontal: «Presidente Leonel Fernández, aquí hay gente que cree que somos gobierno y se están repartiendo los cargos». El mensaje refleja frustración de sectores internos que ven cómo presuntos aspirantes a posiciones ministeriales ya negocian sus designaciones sin haber ganado elecciones.
La denuncia de Romero toca un fenómeno común en la política dominicana: la anticipación de beneficios antes de tomar el poder. Dirigentes que aún no ocupan cargos ejecutivos actúan como si los tuvieran asegurados, generando conflictos entre militantes y debilitando la cohesión interna. Este comportamiento suele aparecer cuando hay expectativas altas de victoria electoral o cuando ciertos grupos dentro del partido asumen que el triunfo es inevitable.
Los repartos anticipados que debilitan la organización
En la Fuerza del Pueblo, esta práctica representa un obstáculo para la unidad política. Cuando dirigentes negocian ministerios, secretarías y posiciones administrativas antes de acceder al gobierno, generan resentimiento entre otros militantes que ven sus aspiraciones postergadas. La distancia entre lo que promete la organización en campaña y lo que sucede internamente erosiona la credibilidad.
La posición de Romero sugiere que existe competencia severa dentro de la estructura de la FP por influencia y poder. Algunos aspirantes ya trazan sus rutas hacia cargos específicos, independientemente de si el partido accede o no a la administración pública. Esta dinámica adelantada puede convertirse en un problema organizacional si no se atiende.
En contextos electorales como el dominicano, donde las alianzas y los pactos tienden a formalizarse meses antes del escrutinio, es común que grupos políticos comiencen negociaciones sobre distribución de puestos. Sin embargo, hacerlo de manera visible y sin disciplina crea conflictos públicos que debilitan la imagen unitaria que los partidos necesitan proyectar.
La advertencia de Romero también implica una crítica a la falta de liderazgo en la toma de decisiones sobre estos temas. Si Leonel Fernández, como presidente de la FP, no establece claridad sobre los criterios y tiempos para definir posiciones futuras, la anarquía interna continuará. La organización requiere estructura, no negociaciones al margen de los órganos directivos.
Este tipo de conflictos internos suelen ser síntomas de problemas más profundos: rivalidades entre facciones, falta de meritocracia en la selección de candidatos y acuerdos paralelos entre dirigentes de poder. En la política dominicana, la transparencia en estos procesos sigue siendo excepcional, lo que permite que prácticas cuestionables prosperen sin control.