Omar Fernández, senador del Distrito Nacional por la Fuerza del Pueblo, cuestionó directamente los resultados de la reforma policial dominicana, argumentando que después de varios años de su puesta en marcha, los avances son prácticamente inexistentes. El legislador expresó su crítica durante un recorrido en Santiago de los Caballeros, en el contexto de la inseguridad ciudadana que continúa azotando al país.

La posición del senador refleja una evaluación negativa del proceso reformista que buscaba modernizar la Policía Nacional Dominicana. Para Fernández, los cambios implementados no han generado resultados tangibles que se traduzcan en mejoras efectivas para la ciudadanía. Su declaración adquiere peso político al provenir de un legislador perteneciente a la bancada del Partido de la Fuerza del Pueblo, la misma organización del presidente Luis Abinader.

Las críticas sobre la reforma policial no son nuevas en el debate público dominicano. Desde su inicio, diversos sectores han cuestionado si los cambios estructurales y procedimentales han impactado realmente en la reducción de la criminalidad o en el fortalecimiento de las capacidades operativas de la institución. Los indicadores de seguridad ciudadana mantienen tendencias preocupantes en varias provincias, especialmente en el Distrito Nacional y Santiago de los Caballeros, dos de las principales ciudades del país.

La brecha entre expectativas y realidad en la institucion policial

La reforma policial fue diseñada para modernizar procesos, mejorar la capacitación de los agentes y fortalecer los mecanismos de control interno. Sin embargo, la implementación ha enfrentado obstáculos presupuestarios, resistencia institucional y limitaciones en la ejecución de proyectos. El contexto macroeconómico del país también ha limitado las inversiones necesarias para consolidar los cambios propuestos.

El pronunciamiento de Fernández ocurre en un momento donde la seguridad ciudadana permanece como uno de los temas de mayor preocupación para los dominicanos. Encuestas y sondeos de opinión reflejan que la percepción de inseguridad se mantiene elevada, independientemente de los esfuerzos institucionales realizados. Esto sugiere que existe una desconexión significativa entre las acciones implementadas y la experiencia vivida por la población.

El senador representa una voz crítica desde adentro de la estructura gubernamental, lo que añade relevancia a sus observaciones. Su análisis cuestiona no solo la efectividad de la reforma, sino también implícitamente la capacidad de la administración actual para lograr transformaciones institucionales significativas en el corto plazo. Esta posición podría abrir un debate más amplio sobre la necesidad de replantear estrategias o acelerar procesos de implementación que han avanzado lentamente.

La crítica de Fernández subraya una realidad incómoda: las reformas institucionales requieren tiempo, recursos, voluntad política y continuidad, elementos que no siempre confluyen en contextos de gobiernos limitados por ciclos electorales. Sin cambios estructurales más profundos y sostenidos en el mediano plazo, las evaluaciones sobre el éxito de la reforma policial seguirán siendo negativas en sectores amplios de la ciudadanía y entre legisladores como el senador del Distrito Nacional.

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